Llega la orden de traslado a Madrid. Miguel Hernández parte de su Orihuela natal hacia la prisión de la plaza de Conde de Toreno.Comienza el calvario…
Sin que lo supiera, el procedimiento en marcha contra él avanza inexorablemente. Ganada la guerra por quienes la empezaron, el país entero está sujeto a un atroz proceso vengativo y hay motivos de sobra para que los vencedores no se muestren misericordiosos con el autor del Viento del pueblo.
18 de enero de 1940.
Miguel Hernández y otros 17 compañeros de infortunio son condenados a muerte “como autor de un delito de adhesión a la rebelión militar”. ¿No eran los otros los rebeldes?
Varios amigos tratan de intervenir a favor de Miguel, sobre todo, una vez más, Cossío, quien a través de Eusebio Oliver Pascual, médico de cabecera durante la guerra logra llegar hasta el general José Enrique Varela, en ese momento ministro del Ejército, acompañado de los escritores falangistas Rafael Sánchez Mazas y José María Alfaro. La conversación se centró esencialmente en las nocivas repercusiones que podría alcanzar la ejecución de un poeta de la significación de Hernández, repitiéndose así un caso semejante al de Federico García Lorca.Varela pudo entrevistarse con Franco y, según parece, el Caudillo, tras escucharle, dijo más o menos “otro García Lorca no”.
Junio de 1940.
Intentando evitar un error parecido, se conmuta la pena de muerte de Miguel Hernández por la inferior en un grado, es decir, treinta años y un día.Miguel debe su vida a lo cometido en la persona de su admirado Federico. Había pasado siete meses con la posibilidad de que cada noche fuera la última. Sin embargo, al enterarse de que no le van a fusilar empieza a respirar otra vez.
Intentando evitar un error parecido, se conmuta la pena de muerte de Miguel Hernández por la inferior en un grado, es decir, treinta años y un día.Miguel debe su vida a lo cometido en la persona de su admirado Federico. Había pasado siete meses con la posibilidad de que cada noche fuera la última. Sin embargo, al enterarse de que no le van a fusilar empieza a respirar otra vez.
Al poco tiempo es trasladado de la cárcel de Conde de Toreno a la de Palencia donde ingresa con un achaque: dolores de cabeza, problemas intestinales…
28 de noviembre, 1940.
Ingresa en el Reformatorio de Adultos de Ocaña. No se va a escapar del reglamentario mes de incomunicación. Para Miguel la vida en el Reformatorio de Ocaña es un martirio. Recibe contantemente visitas que intentan convencerlo a entonar el mea culpa, firmar formalmente su arrepentimiento y así conseguir el indulto. Hernández se niega de manera tajante.
Ingresa en el Reformatorio de Adultos de Ocaña. No se va a escapar del reglamentario mes de incomunicación. Para Miguel la vida en el Reformatorio de Ocaña es un martirio. Recibe contantemente visitas que intentan convencerlo a entonar el mea culpa, firmar formalmente su arrepentimiento y así conseguir el indulto. Hernández se niega de manera tajante.
En Orihuela está haciendo presiones en el mismo sentido el canónigo Luis Almarcha, antes protector de Miguel y ahora furibundo enemigo de los “rojos”. Otra vez Hernández se rebela tercamente.
Ante tanto acoso y también porque sentía la necesidad de estar cerca de Josefina, su mujer y su hijo , el poeta insta a Germán Vergara Donoso y a Carlos Rodríguez Spiteri para que se empiece a gestionar su traslado al Reformatorio de Adultos de Alicante. Sin embargo, hay otra razón: su estado de salud empeora cada vez más.
El traslado se consigue y Miguel llega a Alicante. El reencuentro con Josefina y el niño es gozoso, sin embargo Miguel tiene el disgusto, por otro lado, de que sigan las presiones para que cambie de actitud y atienda a su regeneración y así consiga su liberación. El ocupante de una celda contigua contaría años después lo que dijo entonces el poeta:
“Tengo una vida, que puse al servicio de mi ideal, y si tuviera doscientas vidas, lo mismo las hubiera dado y las volvería a dar ahora” Miguel Hernández.
Finales de noviembre.
Cae gravemente enfermo. La tuberculosis ha empezado a trabajar en serio. La desesperación ya empieza a filtrarse en sus cartas y no dispone de las medicinas adecuadas. El jefe médico del reformatorio se inquieta y le manda un examen radioscópico. Detectan una grave lesión en el pulmón izquierdo y una abundancia de pus que puede ahogarle.
Luis Almarcha fue a visitarle para intentar conseguir su arrepentimiento. Hernández rechazó las pretensiones del íntimo y poderoso colaborador de Franco y futuro obispo de León. Tras su negativa, disgustado, Luis Almarcha decide no intervenir. Podía, pero no quiso.
21 de marzo de 1942.
Al ver que Miguel Hernández se había casado por la Iglesia con Josefina, Almarcha decide por fin intervenir. Llega una orden de trasladar al enfermo al sanatorio de Porta-Coeli en Valencia, pero ya era demasiado tarde y los médicos deciden que no vale la pena mover al poeta. Josefina, acompañada de Elvira, la hermana de Miguel, le hace la que será su última visita. El poeta llora amargamente por no poder ver a su hijo. Su hermana y su mujer consuelan al moribundo que tiene cubierto todo el cuerpo de pus.
Sábado 28 de marzo de 1942. 5:30 horas de la mañana.
Fallece Miguel Hernández de 31 años. Tiene los ojos abiertos y nadie se los logrará cerrar. El preso José María Torregosa, burla la vigilancia y logra ejecutar dos dibujos a lápiz del cadáver, los ojos abiertos de par en par. Los amigos del poeta ponen a salvo sus escritos, conservados en dos bolsas.
Amortajado por sus amigos, se expone al poeta en el patio, mientras los presos desfilan delante de él.A la puerta Josefina y unos familiares esperan para hacerse cargo del ataúd y llevarlo al cementerio de Nuestra Señora de los Remedios.
Juan Ramón Jímenez:
"De los poetas españoles muertos durante la guerra, los más señalados fueron Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca y Miguel Hernández. De ellos el que peleó en los frentes y no quiso salir de su cárcel, donde se extinguía tísico y cantando sus amores, mientras otros compañeros siguieron detenidos, fue Miguel Hernández el héroe de la guerra. Decir esto que yo digo es justo y exacto”
Con la muerte de Miguel Hernández el nuevo régimen mostró una vez más su verdadero rostro.
Fuente:
ResponderEliminarCuatro poetas en guerra de Ian Gibson.
Bien por la cita de fuentes.
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